Canadá define su futuro submarino entre Alemania y Corea del Sur, dejando fuera a Estados Unidos
Canadá ha reducido su selección para una nueva flota submarina a Alemania y Corea del Sur, excluyendo a Estados Unidos. La decisión refleja un giro estratégico que busca equilibrar soberanía industrial, disuasión en el Ártico y presencia naval en el Indopacífico.

Ottawa, Canadá / 25 de agosto de 2025 — El gobierno canadiense confirmó que ha reducido oficialmente su proceso de selección para una futura flota de submarinos de nueva generación a dos finalistas: la alemana ThyssenKrupp Marine Systems (TKMS) y la surcoreana Hanwha Ocean Ltd.. La decisión, divulgada por CBC News, descarta la opción estadounidense y marca un paso determinante en la renovación de la capacidad submarina de la Marina Real Canadiense, actualmente sustentada en la envejecida y poco fiable clase Victoria.
El anuncio coincide con la visita de Estado del primer ministro Mark Carney a Berlín, donde mantuvo un encuentro con el canciller alemán Friedrich Merz y recorrió los astilleros de TKMS en Kiel. Allí observó la producción en curso del Tipo 212CD, un submarino desarrollado junto a Noruega y considerado uno de los diseños convencionales más avanzados del mundo, adaptado para operaciones de largo alcance y patrullas en el Ártico, un teatro estratégico de creciente relevancia para Canadá.
TKMS: diseño optimizado para el Ártico
El Tipo 212CD (Common Design) es la evolución del 212A, con propulsión independiente del aire (AIP) mediante pilas de combustible de hidrógeno, que le otorgan una autonomía sumergida de varias semanas sin necesidad de emerger. Su desplazamiento aproximado de 2.500 toneladas lo ubica en la categoría de submarino medio, con un perfil acústico extremadamente bajo y un diseño que incorpora refuerzos estructurales para navegación bajo hielo.
Alemania y Noruega ya han encargado seis unidades, con entregas previstas a partir de 2028, lo que abre la posibilidad de acelerar la entrega canadiense mediante ajustes en la línea de producción. Como parte de su propuesta, TKMS ha ofrecido establecer en Canadá un centro nacional de mantenimiento y sostenimiento de submarinos, con transferencia tecnológica y beneficios industriales a largo plazo. Según la empresa, si Ottawa se compromete antes de 2027, podría recibir su primer submarino hacia 2032 o 2033.

Hanwha Ocean: mayor alcance y capacidad ofensiva
Por su parte, la surcoreana Hanwha Ocean Ltd. (antes Daewoo Shipbuilding & Marine Engineering) presentó de manera no solicitada una oferta basada en el KSS-III Batch II, un submarino diésel-eléctrico de 3.600 toneladas de desplazamiento. Su mayor tamaño le permite transportar una dotación más amplia de sensores y armamento, incluyendo un sistema de lanzamiento vertical (VLS) para misiles de crucero, capacidad poco común en unidades convencionales.
El KSS-III emplea baterías avanzadas de iones de litio, que duplican la resistencia sumergida frente a los sistemas tradicionales y le permiten operar con mayor sigilo en misiones prolongadas. Este diseño está pensado para operaciones de alta mar en el Pacífico y el Atlántico, lo que convertiría a Canadá en un actor con capacidad de proyección regional más allá del Ártico.
El primer ministro Carney tiene previsto viajar a Seúl a finales de este año para evaluar las instalaciones de Hanwha y revisar la experiencia surcoreana en programas de submarinos de gran escala, con miras a una eventual transferencia de conocimientos a astilleros canadienses.

Dos filosofías de diseño, una decisión estratégica
El contraste entre ambos modelos refleja dos filosofías operativas. Mientras el 212CD prioriza el sigilo, la navegación bajo hielo y la patrulla ártica encubierta, el KSS-III Batch II ofrece mayor alcance, carga útil y capacidad de ataque estratégico. La elección, por tanto, no es solo técnica, sino también política y doctrinal: Canadá debe decidir si enfoca su futura flota en el control de su soberanía ártica o en la participación en operaciones multinacionales de mayor alcance junto a sus aliados.
Limitaciones de la clase Victoria
El proceso de modernización es urgente. Los cuatro submarinos clase Victoria, adquiridos de segunda mano al Reino Unido en los años noventa, arrastran graves problemas de fiabilidad, demoras de mantenimiento y obsolescencia tecnológica. Carecen de AIP, lo que limita su autonomía sumergida, y su disponibilidad operativa es reducida: a menudo solo una unidad se encuentra en condiciones de navegar.
Sus sistemas de combate y sensores resultan insuficientes frente a los avances en guerra submarina desplegados por Rusia y China, comprometiendo la capacidad de Canadá para patrullar con credibilidad sus aguas y defender sus intereses en el Ártico, donde Moscú ha reforzado significativamente su infraestructura militar y China ha incrementado su actividad naval.

Un giro geopolítico
La exclusión de Estados Unidos responde a factores tanto técnicos como políticos. Washington solo ofrece submarinos nucleares, una opción incompatible con la política canadiense de mantener una flota convencional y que implicaría costes de infraestructura insostenibles. Optar por Alemania o Corea del Sur permite a Ottawa diversificar alianzas y fortalecer su independencia estratégica, al tiempo que afianza su base industrial de defensa en cooperación con socios europeos y asiáticos.
El plan canadiense contempla la adquisición de 12 submarinos de propulsión convencional con capacidad de despliegue global y patrulla ártica, con una entrega inicial en 2035 y adjudicación final del contrato en 2027. La decisión definirá la postura marítima de Canadá durante las próximas décadas y será clave para su soberanía en el Ártico, un escenario cada vez más disputado.
Fuentes: CBC News