La Marina de EE.UU. hace historia con el mayor ataque aéreo jamás lanzado desde un portaaviones
La Marina de Estados Unidos ha confirmado la ejecución del mayor ataque aéreo jamás realizado desde un solo portaaviones, descargando un impactante total de 125.000 libras (62,5 toneladas) de bombas sobre objetivos del Estado Islámico (ISIS) en Somalia.

La Marina de Estados Unidos ha confirmado la ejecución del mayor ataque aéreo jamás realizado desde un solo portaaviones, descargando un impactante total de 125.000 libras (62,5 toneladas) de bombas sobre objetivos del Estado Islámico (ISIS) en Somalia.
WASHINGTON D.C., ESTADOS UNIDOS – En una formidable demostración de capacidad de proyección de poder de la Armada de los Estados Unidos, se ha confirmado oficialmente la ejecución, a principios de este año, de una operación aérea de una magnitud sin precedentes. El USS Harry S. Truman (CVN-75), un coloso de la clase Nimitz, y su grupo de ataque asociado, se convirtieron en los protagonistas de lo que ya se considera el mayor ataque aéreo jamás lanzado desde un único portaaviones, una demostración de fuerza que tuvo como escenario los cielos de Somalia y que implicó el despliegue de 125.000 libras (aproximadamente 62,5 toneladas) de armamento sobre objetivos designados.
La confirmación de esta operación histórica provino directamente del Almirante James Kilby, quien ostenta el cargo de Jefe Interino de Operaciones Navales. Durante una intervención de calado en el prestigioso Consejo de Relaciones Exteriores en Washington D.C., el Almirante Kilby desveló que esta masiva incursión aérea tuvo lugar el 1 de febrero. La operación, meticulosamente planificada y ejecutada, involucró a la totalidad del ala aérea embarcada del Truman, poniendo de manifiesto la capacidad de respuesta y la letalidad concentrada que un portaaviones moderno puede desplegar en cualquier rincón del globo.

Fuentes del Departamento de Defensa han complementado esta información, especificando que un total de dieciséis cazabombarderos F/A-18 Super Hornet conformaron la punta de lanza de esta misión. Estos aviones, conocidos por su versatilidad y robustez, tuvieron como blanco principal a combatientes afiliados al Estado Islámico (ISIS) en Somalia, un país que continúa siendo un foco de inestabilidad y un refugio para diversas facciones terroristas en el Cuerno de África.
Este ataque no fue un hecho aislado. El Comando de África de Estados Unidos (AFRICOM) ya había informado previamente sobre una secuencia de ataques aéreos llevados a cabo durante los primeros días de febrero. Dichas operaciones, según AFRICOM, se concentraron en neutralizar a líderes de ISIS que buscaban refugio en complejos sistemas de cuevas, logrando la eliminación de más de una docena de militantes. Desde el inicio del año, la campaña aérea estadounidense en Somalia ha sido intensa, con un registro de al menos 25 ataques aéreos, dirigidos predominantemente contra las estructuras de ISIS y de Al-Shabaab, esta última una organización terrorista con vínculos directos a Al Qaeda.
En su alocución, el Almirante Kilby no dudó en calificar la misión del 1 de febrero como una «importante demostración de la capacidad de Estados Unidos para proyectar poderío mediante sus fuerzas navales». Más allá del impacto táctico inmediato, el Almirante enfatizó el valor de la operación como una «maniobra estratégica», diseñada para enviar un mensaje inequívoco sobre la versatilidad, alcance y potencia de fuego que los portaaviones estadounidenses pueden aportar a las operaciones globales, disuadiendo a adversarios y reafirmando el compromiso con la seguridad internacional.
El grupo de ataque del USS Harry S. Truman había estado operando en la estratégica región de Oriente Medio desde el otoño de 2024, una fecha que marca el inicio de un despliegue particularmente exigente. Durante este periodo, el portaaviones y su escolta asumieron una doble misión de gran complejidad: por un lado, proporcionar apoyo aéreo crucial para las operaciones antiterroristas en el continente africano, como la descrita en Somalia; y, por otro, responder activamente a las crecientes amenazas a la navegación y la estabilidad en el Mar Rojo.
En este último teatro de operaciones, a lo largo de seis meses de intensa actividad, el grupo de ataque del Truman llevó a cabo una campaña sostenida, ejecutando 670 ataques contra posiciones y operativos de los militantes hutíes respaldados por Irán. Además de estas acciones ofensivas, sus sistemas de defensa aérea y su aviación desempeñaron un papel crucial en la protección de buques estadounidenses y aliados, logrando la interceptación exitosa de aproximadamente 160 drones y misiles lanzados por los hutíes.

No obstante, la hoja de servicios del Truman durante este periodo también se vio ensombrecida por una serie de graves contratiempos que pusieron a prueba la resiliencia de su tripulación y el liderazgo de sus mandos. En diciembre, se produjo un lamentable incidente de fuego amigo, en el que un avión F/A-18 estadounidense fue derribado por error, un suceso que inevitablemente desencadena investigaciones exhaustivas para determinar las causas y prevenir futuras tragedias. Posteriormente, durante los meses de abril y mayo, el portaaviones sufrió la pérdida de varias aeronaves que cayeron por la borda en circunstancias aún no completamente esclarecidas públicamente, incidentes que representan una pérdida material significativa y un riesgo para la seguridad operativa. A mediados de febrero, se sumó a esta lista de vicisitudes una colisión entre el portaaviones y un buque comercial en aguas del Mar Mediterráneo. Este último accidente tuvo consecuencias directas en la cadena de mando, culminando con la destitución del oficial al mando del USS Harry S. Truman.
Actualmente, tras concluir su misión en el Mar Rojo, el grupo de ataque del Truman ha transitado hacia el Mediterráneo, donde se encuentra participando activamente en ejercicios militares conjuntos con fuerzas de la OTAN. Estas maniobras buscan reforzar la interoperabilidad y la cohesión entre los aliados en un escenario de creciente importancia estratégica. Una vez finalizados estos compromisos con la Alianza Atlántica, se espera que el USS Harry S. Truman y su grupo de ataque emprendan el viaje de regreso a su puerto base en Norfolk, Virginia, poniendo fin a un despliegue marcado por hitos operativos y desafíos considerables.
Referencias: Reuters, RT